Un día en Dubái: del casco antiguo al Burj Khalifa
Hay ciudades que necesitan varios días para conocerlas y otras en las que, aunque solo tengas unas horas, puedes llevarte una buena idea de cómo son. En mi caso, Dubái fue una mezcla de las dos cosas: me dio tiempo a visitar algunos de sus lugares más conocidos, descubrir una parte más histórica que no me esperaba y acabar el día completamente reventado.
Pero vamos por partes, porque llegar hasta allí ya tuvo lo suyo.
De salir del trabajo a aterrizar en Dubái
El viernes 24 de julio salí del trabajo a las cuatro de la tarde, con la maleta preparada y la cabeza puesta ya en el viaje. Primero tenía que llegar a Madrid, así que me fui a la estación de autobuses de Zaragoza y me esperaba un trayecto de unas tres horas y media hasta el aeropuerto.
Por si no llevaba ya bastante prisa, durante el camino empecé a ver una enorme columna de humo negro cerca de Madrid, en una zona en la que había varios incendios forestales. La imagen era bastante apocalíptica y, viendo cómo estaba el panorama, no pude evitar pensar que igual aquello terminaba afectando al vuelo.
Por suerte, no fue así. El avión salió a su hora y, además, iba a volar por primera vez con Emirates, una compañía con la que tenía ganas de probar.
Despegamos de Madrid a las 22:10 y llegué a Dubái a las 7:15 de la mañana del sábado, hora local. Después de unas siete horas de vuelo, empezaba la parte interesante: tenía una escala larga por delante y había decidido aprovecharla para conocer la ciudad.
No era una escala cualquiera. Quería visitar Dubái por primera vez y, sobre todo, subir al Burj Khalifa, uno de esos sitios que tenía apuntados en mi lista de experiencias que quería vivir antes de morir.
Y, además, había un pequeño detalle: con esta visita, los Emiratos Árabes Unidos se convertían en el país número 60 que visitaba, según mi propio recuento. No está mal para una escala, ¿no?
El Dubái que no te esperas: el casco antiguo
Cuando pensamos en Dubái, lo normal es que nos vengan a la cabeza los rascacielos, los coches de lujo, los centros comerciales gigantescos y los edificios futuristas. Por eso, una de las primeras cosas que quería hacer era acercarme a la parte histórica de la ciudad.
Me fui hacia Al Fahidi y el casco antiguo, y la verdad es que me gustó bastante más de lo que esperaba. Encontré calles con mucho encanto, edificios tradicionales y una arquitectura completamente distinta a la imagen que solemos tener de Dubái.
Es una de esas zonas que te recuerdan que la ciudad no siempre ha sido lo que es hoy. Antes de convertirse en el lugar lleno de rascacielos que conocemos, había otra Dubái, y pasear por allí sirve para hacerse una idea de ese pasado.
También me sorprendió encontrar bastante movimiento. Había gente por las calles y se veía vida en la zona, incluso en pleno mes de julio, con el calor que hacía. No esperaba encontrarme un lugar tan agradable para pasear.
De hecho, me dio la sensación de que tenía más vida que algunas de las zonas que había visto en Doha y Lusail durante un viaje anterior. Allí también había visitado lugares tradicionales, como Souq Waqif, que me gustó mucho para pasear y comprar algún recuerdo, aunque cuando fui por la mañana había bastante poca gente.
En Dubái, en cambio, el casco antiguo me pareció una zona con mucho encanto y bastante más vida de la que habría imaginado antes de ir.
Aproveché también para entrar en una tienda y desayunar un café con un cruasán. Después de madrugar, volar y empezar a recorrer la ciudad, tocaba cargar un poco las pilas antes de continuar con el plan.
Del Dubái tradicional a los rascacielos
Después de visitar la parte antigua, cogí el metro para acercarme a la zona de Dubai Mall y el Burj Khalifa. Y ahí sí que apareció la Dubái que todos tenemos en la cabeza.
El contraste es enorme. Pasas de calles tradicionales y edificios de poca altura a una zona llena de construcciones modernas, avenidas amplias y rascacielos que parecen competir por ver cuál llega más arriba.
Una de las cosas que aprendí rápidamente es que Dubái es mucho más grande de lo que parece cuando miras el mapa. Sobre el papel, algunos lugares no parecen estar tan lejos, pero luego te das cuenta de que las distancias son enormes y que ir andando de un sitio a otro no siempre es una buena idea.
Para moverme durante el día compré un abono de transporte de 22 dírhams, unos 5,50 euros aproximadamente. Me permitía utilizar el transporte público de forma ilimitada durante todo el día, incluido el trayecto de vuelta al aeropuerto, así que le saqué bastante partido.
Y menos mal, porque con el calor que hacía y todo lo que quería visitar, caminar kilómetros sin necesidad no entraba precisamente en mis planes.
Eso sí, aunque pude ver bastantes cosas, hubo lugares que se quedaron fuera. Me habría gustado acercarme a la playa, visitar Dubai Marina o conocer alguna de las islas, pero con el tiempo disponible era imposible abarcarlo todo. También me quedé sin visitar el Mall of the Emirates, donde se encuentra Ski Dubai, la famosa pista de esquí cubierta.
Tocará volver con más tiempo, porque Dubái tiene bastante más que ofrecer de lo que se puede ver en una sola escala.
Dubai Mall: un centro comercial que parece una ciudad
Una de las paradas principales fue Dubai Mall, el enorme centro comercial que se encuentra junto al Burj Khalifa.
Y cuando digo enorme, no es una forma de hablar. Es de esos lugares en los que puedes pasar un buen rato simplemente recorriéndolos, porque dentro hay muchísimo más que tiendas.
Por ejemplo, tiene una pista de patinaje sobre hielo y un acuario gigantesco. No llegué a entrar en el acuario, pero sí pude verlo desde fuera y hacer algunas fotos. Es bastante impresionante encontrarte algo así en mitad de un centro comercial.
La verdad es que estos sitios te hacen darte cuenta de hasta qué punto Dubái apuesta por hacer las cosas a lo grande. No basta con tener un centro comercial: también tiene que haber dentro una pista de hielo, un acuario enorme y todo tipo de atracciones.
Y eso que yo iba con el tiempo justo. Si hubiera tenido que visitar cada rincón, seguramente habría necesitado dedicarle un día entero solo al centro comercial.
Pero mi objetivo principal estaba justo al lado.
Subir al Burj Khalifa: una de las experiencias que tenía pendientes
El Burj Khalifa era una de las visitas que más ganas tenía de hacer. Con sus 828 metros de altura, es uno de esos edificios que impresionan incluso antes de subir.
Desde abajo ya cuesta hacerse una idea de sus dimensiones. Intentas mirar hacia arriba para ver dónde termina y casi parece que el edificio se pierde en el cielo.
Había venido a Dubái, entre otras cosas, para subir hasta sus miradores, así que compré la entrada para acceder a las plantas 124 y 125. Me costó unos 45 euros, aproximadamente.
No es precisamente una visita barata, pero en este caso tenía claro que quería hacerlo. Si llevaba tiempo con aquello apuntado en mi lista de experiencias pendientes, no tenía mucho sentido llegar hasta allí y quedarme abajo mirando el edificio.
Una vez arriba, las vistas permiten apreciar lo extensa que es la ciudad y cómo se mezclan las zonas urbanizadas con el desierto que la rodea. Desde esa altura, los edificios y las carreteras parecen mucho más pequeños de lo que realmente son.
También ayuda a entender algo que había empezado a notar durante la mañana: las distancias en Dubái son enormes. Desde abajo puedes ver edificios que parecen estar cerca, pero la ciudad se extiende muchísimo más allá de lo que alcanzas a percibir desde una calle.
Para mí, subir al Burj Khalifa era uno de los objetivos principales de la escala y me alegré de haber reservado tiempo para hacerlo. No todos los días puedes decir que has estado en el edificio más alto del mundo.
Dubái también va de negocios, no solo de petróleo
Otra de las cosas que me interesaba de Dubái era entender cómo había llegado a convertirse en lo que es hoy.
Porque hay una idea bastante extendida de que los Emiratos Árabes Unidos, y especialmente Dubái, viven del petróleo. Y aunque el petróleo ha tenido importancia en la historia económica del país, la realidad de Dubái es bastante más compleja.
Dubái no cuenta con las mismas reservas de petróleo que otros emiratos, como Abu Dabi, y hace tiempo que ha apostado por diversificar su economía. Hoy tienen mucho peso el comercio, el turismo, el transporte, los servicios financieros y las inversiones.
Precisamente, una de las cosas que quería hacer con el viaje era conocer mejor esa historia. ¿Cómo pasó de ser un lugar muy diferente al que vemos hoy a convertirse en una ciudad conocida en todo el mundo?
Ese es también el tema del vídeo que preparé para mi canal principal de YouTube, en el que cuento el origen de Dubái, cómo ha evolucionado y de dónde sale realmente buena parte de su riqueza.
Si te interesa entender la ciudad más allá de sus rascacielos, es un buen complemento a esta visita.
Turismo, calor y una batería que no daba para más
Hasta aquí, todo bastante bien. El problema llegó cuando empecé a darme cuenta de que la batería del móvil estaba bajando demasiado rápido.
Durante el viaje estaba utilizando el teléfono constantemente para consultar mapas, revisar el guion, grabar y organizar las visitas. Y, como no sabía si podría llevar una batería externa a China por las restricciones que había leído sobre sus características y certificaciones, había decidido no llevar ninguna.
Visto después, quizá no fue mi mejor decisión.
El caso es que, en plena visita a Dubái, empecé a necesitar enchufes con bastante urgencia. Y encontré una solución que terminaría utilizando más de lo que me habría gustado: el McDonald’s de Dubai Mall.
Entré una primera vez para intentar cargar el móvil. Encontré un enchufe, conecté el cargador y me quedé esperando, pero aquello no parecía funcionar como debía. Así que tuve que buscar otro sitio y probar con una toma diferente.
Entre una cosa y otra, acabé comiendo allí y aprovechando para recuperar algo de batería antes de continuar con la visita.
Más tarde, cuando volví a quedarme corto de carga, terminé regresando al mismo centro comercial. Esta vez compré una Coca-Cola y volví a instalarme cerca de un enchufe.
A esas alturas, casi estaba haciendo turismo entre enchufes. Había venido a conocer Dubái y estaba empezando a conocer también el McDonald’s de Dubai Mall.
Eso sí, el móvil era fundamental para todo lo que estaba haciendo, así que tampoco podía permitirme quedarme sin batería en mitad de la ciudad. Entre mapas, grabaciones y guion, necesitaba tenerlo operativo durante todo el día.
Y todavía me quedaban lugares por visitar.
Dubai Frame: otra forma de ver la ciudad
Entre las visitas del día también estaba Dubai Frame, una enorme estructura con forma de marco que se ha convertido en uno de los puntos más reconocibles de la ciudad.
Me parecía interesante porque ofrece otra manera de contemplar Dubái y entender su transformación. Por un lado está la ciudad más antigua y, por otro, el desarrollo moderno que ha convertido a Dubái en una de las grandes referencias urbanas de la región.
Es una construcción muy llamativa y bastante diferente de los típicos rascacielos. Al final, en una ciudad donde parece que todo compite por ser el edificio más espectacular, hacer algo con forma de marco es una manera bastante original de destacar.
Con el tiempo que tenía, intenté aprovechar el día al máximo y visitar los lugares que más me interesaban. Pero también fui consciente de que me estaba dejando bastantes cosas fuera.
Y es que una cosa es mirar Dubái en un mapa y pensar que puedes recorrerla en un día, y otra muy distinta es hacerlo de verdad, con el calor, las distancias, el transporte y las paradas que vas haciendo por el camino.
El Burj Khalifa de noche y las fuentes
Cuando empezó a caer la tarde, volví a la zona del Burj Khalifa. Quería ver el ambiente nocturno y, sobre todo, grabar las luces y las fuentes para el canal secundario, Walking the World.
La ciudad cambia bastante cuando se encienden las luces. Los edificios iluminados, el movimiento de la gente y el propio Burj Khalifa crean una imagen muy diferente a la que había visto durante el día.
También quería grabar con calma, porque una cosa es visitar un lugar y otra conseguir imágenes que luego puedas utilizar en un vídeo. A veces tienes que volver a una zona, buscar un buen encuadre o esperar un rato para conseguir las tomas que quieres.
Así que aproveché las últimas horas para disfrutar de esa parte más espectacular de Dubái y llevarme material para el canal.
Si quieres ver cómo es la zona de noche, también puedes echarle un vistazo al vídeo de Walking the World, donde la protagonista es la propia ciudad y el paseo por sus calles, sin necesidad de narración.
Después de tantas horas fuera, tantas visitas y tantos problemas con la batería, el día ya empezaba a pasarme factura.
47.000 pasos después, vuelta al aeropuerto
Al final, había recorrido muchísimo más de lo que habría imaginado al organizar la escala. En total, terminé haciendo alrededor de 47.000 pasos durante el día.
Una cifra considerable para alguien que, en teoría, solo estaba aprovechando una escala antes de continuar su viaje.
Pero todavía no había terminado. Tenía que volver al aeropuerto para coger el vuelo a Pekín, que salía a las 6:30 de la mañana del domingo 26 de julio.
Cuando llegué, me planteé pagar unos 29 euros para entrar en una sala VIP y descansar un poco. Después de todo el día, la idea de sentarme tranquilamente, comer algo y estar más cómodo sonaba bastante bien.
Pero al final decidí que no me compensaba. Encontré comida a un precio razonable en el propio aeropuerto y cené por unos 4,80 euros: un plato de pasta con carne, un sándwich y una Coca-Cola.
Por ese precio, tampoco me podía quejar.
Además, había sofás y enchufes con carga rápida, así que pude cargar el móvil y descansar un rato mientras esperaba el embarque. No es lo mismo que una sala VIP, claro, pero después del día que llevaba, cualquier sitio donde sentarme y recuperar fuerzas era bienvenido.
También hay que decir que venía bastante cansado del primer vuelo, porque no había conseguido dormir demasiado. Entre eso, el calor, las visitas y las grabaciones, el cuerpo ya empezaba a pedirme una cama.
Aun así, me había salido bastante bien la jugada: había aprovechado la escala para conocer una ciudad que no había visitado antes, subir al Burj Khalifa y grabar contenido para los dos canales.
Y ahora tocaba continuar hacia China.
¿Merece la pena visitar Dubái en una escala de un día?
En mi caso, sí. Me habría gustado tener más tiempo para conocer la playa, Dubai Marina, las islas y otras zonas de la ciudad, pero pude visitar varios de sus lugares más conocidos y descubrir una parte histórica que me sorprendió para bien.
Lo que más destacaría es el contraste entre el casco antiguo y la zona moderna del Burj Khalifa. Son dos caras muy diferentes de una misma ciudad y creo que merece la pena conocer ambas para hacerse una idea más completa de Dubái.
Eso sí, no intentaría verlo todo en un solo día. La ciudad es enorme y las distancias pueden jugarte una mala pasada si organizas el itinerario pensando que todo está cerca. Lo mejor es seleccionar unas cuantas visitas, aprovechar el metro y asumir que habrá cosas que se quedarán pendientes.
En mi caso, además, la escala tenía un objetivo muy claro: subir al Burj Khalifa, conocer Dubái por primera vez y grabar material para los canales. Y eso sí que lo conseguí.
Después de visitar 60 países, cada viaje tiene algo diferente, pero esta vez me quedo con la sensación de haber aprovechado hasta el último minuto. Literalmente: entre los 47.000 pasos, los enchufes del McDonald’s y la carrera final hacia el siguiente vuelo, tranquilo no estuve precisamente.
Pero para eso están los viajes, ¿no? Para conocer lugares nuevos, llevarte alguna sorpresa y volver con unas cuantas historias que contar.
Y esta vez, además, solo era el comienzo del viaje por Asia.
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