Asia / China

La Gran Muralla China: fui a recorrerla entera y acabó conmigo

octubre 24, 2026 – 6 min de lectura

Hay lugares que llevas toda la vida queriendo visitar. La Gran Muralla China era uno de ellos. Mi plan era recorrer entero el tramo abierto de Mutianyu y, si podía, bajar caminando hasta el centro de visitantes. Fácil, ¿no? Bueno, pues no.

Rumbo a la Muralla

Como en los días anteriores, empecé la mañana con un desayuno rápido del 7-Eleven y el correspondiente trayecto en metro, con sus controles de seguridad incluidos. Había contratado una excursión organizada que costaba aproximadamente 35 euros, pero el buffet no estaba incluido.

El guía, que se hacía llamar Charlie, hablaba inglés y nos acompañó hasta la zona de la Muralla. Durante el trayecto en autobús nos explicó algunas cosas sobre la visita y, en un momento dado, nos comentó que allí sería mucho más complicado y caro comprar comida, así que recomendaba contratar el buffet. Me dijo que costaba 30 euros e incluía también el trayecto de ida y vuelta en teleférico. No me pareció mal, así que decidí pagarlo.

En Mutianyu hay distintas zonas de acceso y opciones para subir y bajar. Yo había elegido el teleférico que me dejaba en la torre 14, desde donde podía caminar hasta la torre 23, que estaba abierta.

El buffet no formaba parte del precio inicial de la excursión, pero terminé contratándolo allí. También tuve que pagar aparte el teleférico, tanto la subida como la bajada. En total, fueron 30 euros adicionales por la comida y el trayecto de ida y vuelta en teleférico.

Podíamos comer allí mismo o llevarnos una bandeja para comer arriba, en la Muralla. Como quería aprovechar para grabar un vídeo, la segunda opción me parecía perfecta.

Hasta que vi el tamaño de las bandejas.

Eran enormes y no me cabían en la mochila. Tampoco tenía sentido subir, bajar para comer y volver a subir, así que terminé comiendo abajo antes de empezar. Primer cambio de planes del día.

La Muralla es mucho más dura de lo que parece

Cuando por fin llegué arriba, las vistas eran espectaculares. Hacía un día estupendo, aunque también bastante calor, y había muchísima gente.

Estar allí era una pasada. La Muralla se extendía por las montañas y, por mucho que hayas visto fotografías durante toda tu vida, encontrarte allí impresiona.

Mi intención era recorrer el tramo desde la torre 14 hasta la 23, grabar un vídeo explicando su historia y después regresar hacia el principio para bajar caminando.

El problema es que había cometido un pequeño error de cálculo: había subestimado completamente el esfuerzo que suponía caminar por la Muralla.

En las fotografías parece que vas a dar un paseo tranquilo mientras disfrutas de las vistas. La realidad es muy diferente. Hay pendientes pronunciadísimas, escaleras interminables y tramos en los que casi parece que tengas que trepar para seguir avanzando.

Y todo eso mientras intentas esquivar a otros visitantes, soportas el calor y buscas un momento para grabarte sin tener a medio centenar de personas pasando por detrás.

Así que, aunque mi intención inicial era grabar un vídeo explicando la Muralla, durante la subida apenas pude hacer nada. Estaba demasiado ocupado intentando avanzar sin quedarme sin fuerzas.

Finalmente llegué a la torre 23. Había cumplido la primera parte del plan: alcanzar el final del tramo abierto.

Y entonces tocaba volver.

La Muralla ganó

Fue durante el camino de vuelta cuando empecé a grabar más en serio. Pero mi gran plan seguía siendo bajar hasta la torre 1 y continuar andando hasta el centro de visitantes.

Según iba avanzando, empecé a darme cuenta de que aquello no iba a ser tan sencillo.

Para que nos entendamos: no soy ningún portento físicamente, pero aguanto. Apenas unos días antes, en Dubái, había llegado a hacer 47.000 pasos en un día, casi 50.000. No me asustan precisamente las caminatas largas.

Pero la Gran Muralla China pudo conmigo.

Cuando llegué de nuevo a la torre 14, todavía bajé un par de torres más. Hasta que dije basta. Estaba completamente reventado y no me quedaban fuerzas para seguir haciendo el recorrido que había planeado.

Así que me tocó volver a subir las dos torres que acababa de bajar, regresar a la zona del teleférico y cogerlo para descender.

Mi plan de recorrer toda la Muralla y bajar después andando había pasado a mejor vida.

Y lo peor es que ni siquiera había conseguido grabar todo el vídeo que quería. Había ido con la idea de hacer también un vídeo caminando por la Muralla, pero lo descarté bastante rápido. No podía con mi alma.

Vídeo del canal principal:

El Palacio de Verano tendrá que esperar

Una vez abajo, tenía que decidir qué hacer con el resto de la tarde. La excursión ofrecía dos horarios de regreso, aproximadamente a las cuatro y a las cinco. Como estaba agotado y no tenía mucho más que hacer allí, opté por el autobús de las cuatro.

El problema era que, al regresar a Pekín sobre las cinco, ya no me daba tiempo a visitar el Palacio de Verano, que era uno de los lugares que tenía pendientes.

Así que terminé dando una última vuelta por la ciudad, despidiéndome de Pekín hasta la próxima visita y regresando al hotel para descansar. Al día siguiente tocaba cambiar de ciudad y, después de la paliza de la Muralla, necesitaba recuperar fuerzas.

Me quedé sin recorrer todo el tramo, sin hacer la bajada a pie y sin visitar el Palacio de Verano. Pero, al menos, había cumplido el sueño de conocer uno de los monumentos más impresionantes del mundo.

Eso sí, si alguna vez vuelvo, tengo una cosa clara: no volveré a subestimar la Gran Muralla China.

Más de mi viaje por China

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *