Fenghuang: lluvia, calles preciosas y unas Crocs de tres euros
Solo pasé una noche y poco más de un día en Fenghuang, pero me dio tiempo a enamorarme de sus calles tradicionales, grabar dos vídeos y descubrir un baño que no había visto en mi vida. Todo ello, cómo no, bajo la lluvia.
Despedida de Chongqing y rumbo a Fenghuang
La noche anterior había vuelto al hotel sobre la una de la mañana después de perderme por Chongqing, así que al día siguiente no me levanté precisamente con ganas de conquistar el mundo. Por suerte, al lado del hotel tenía el Auditorio del Pueblo de Chongqing, a dos minutos andando. Me acerqué a verlo tranquilamente por fuera y me despedí por última vez de una ciudad que me había encantado, aunque no siempre entendiera muy bien cómo funcionaba.
Tenía un tren sobre la una desde Chongqing East Station hasta Fenghuang. El trayecto duraba cuatro horas y el billete me había costado 46 €. La estación quedaba bastante lejos, unos cuarenta minutos en coche, y como no me fiaba demasiado de las conexiones de metro, pedí un Didi. Me salió por unos 3 €, así que tampoco me iba a complicar la vida.
Llegué con tiempo, di una vuelta por la estación y compré un paquete de noodles de Chongqing para llevármelo de recuerdo. Me habían gustado tanto que me pareció buena idea llevarme una pequeña reserva a casa. El tren iba lleno; además, esa misma ruta la utiliza mucha gente para ir a Zhangjiajie. Muchos pasajeros se bajaron allí, pero yo tenía mi propia ruta montada: aunque Fenghuang está más lejos que Zhangjiajie, fui primero a Fenghuang porque después tenía que volver a Zhangjiajie para coger un vuelo. Así que me venía mejor hacerlo en ese orden y no dejarme el pueblo para el final.
La bienvenida: lluvia y un baño peculiar
Al llegar a Fenghuang cogí un autobús desde la estación hasta la zona central. La señora del alojamiento se había ofrecido a recogerme allí y acompañarme andando hasta el hotel, porque las callejuelas de la zona antigua pueden ser un poco liosas. El pequeño detalle era que estaba lloviendo otra vez. Nos quedamos esperando alrededor de media hora en la zona de autobuses, donde había tiendas y restaurantes, charlando hasta que la lluvia aflojó un poco. No dejó de llover del todo, pero al final llegamos al hotel algo mojados. Por lo menos estaba a un par de minutos de allí.
La señora me enseñó la habitación y el baño, y aquí apareció una de las curiosidades más inesperadas de todo el viaje. El inodoro era el típico agujero en el suelo, pero encima tenía colocado un accesorio de plástico elevado, como una especie de váter convencional que se podía quitar y poner. Lo levantabas y debajo seguía estando el agujero de toda la vida. No sé muy bien cómo describirlo: era como un orinal gigante con apariencia de taza de váter.
No había visto algo así en ningún otro sitio de China y, de hecho, tampoco lo he visto en ningún otro lugar del mundo. Es una de esas curiosidades que te encuentras viajando y que se te quedan grabadas. Me pareció curioso, aunque también un poco extraño y no especialmente higiénico. Por suerte, no tuve que usarlo durante la estancia; me limité a ducharme y a dejar mis cosas. Pero la imagen se me quedó grabada. Uno viaja para conocer otras culturas y, de vez en cuando, también para descubrir que hay formas de ir al baño que no sabía ni que existían.
Primera vuelta por Fenghuang
Después de hacer el check-in, la lluvia pareció dar una pequeña tregua y salí a dar una vuelta. Fenghuang me pareció preciosa: una ciudad tradicional, con edificios antiguos y rincones que contrastaban muchísimo con la Chongqing de rascacielos, carreteras elevadas y desniveles imposibles que acababa de dejar atrás.
Mi idea era aprovechar esa tarde para grabar una parte del vídeo principal sobre Fenghuang, su historia y la cultura miao. Pero el tiempo no acompañaba y terminé dejando la grabación para el día siguiente. La señora del hotel me recomendó algunos sitios baratos para comer y un supermercado, así que al menos ya tenía localizados los básicos para sobrevivir.
Cuando cayó la noche salí a grabar un vídeo walking de una hora, recorriendo Fenghuang mientras llovía. La zona del río, los puentes y las casas iluminadas tenían una estética espectacular. La lluvia era un coñazo para moverse, pero las calles de noche tenían muchísimo encanto y quería dejarlo grabado.
Al terminar me pasé por el supermercado, compré noodles y volví al hotel a cenar. Para entonces llevaba las zapatillas empapadas. Me había fijado en que mucha gente por allí llevaba zapatos de plástico parecidos a las Crocs, y entendí perfectamente el motivo: con aquella lluvia, unas zapatillas normales acababan caladas enseguida.
Así que me compré unas Crocs de imitación por 3 € en una tienda. No eran originales ni pretendían serlo, pero cumplían su función. Me cambié las zapatillas mojadas por ellas y fueron mano de santo. De hecho, las Crocs de imitación me acompañaron durante todo el resto del viaje y acabaron convirtiéndose en un recuerdo más de China. Todo por tres euros. Difícil amortizarlas mejor.
Un vídeo bajo el paraguas
A la mañana siguiente, por fin, no llovía. Me levanté y empecé a grabar el vídeo principal sobre la historia de Fenghuang y la cultura miao. Iba preparado con mis nuevas Crocs de tres euros y con el paraguas que había comprado en Chongqing, por si acaso. Lo de «por si acaso» resultó ser bastante optimista.
Después de unos treinta o cuarenta minutos, volvió a llover. Y ya no hubo mucho que hacer: buena parte del vídeo acabó grabada con el paraguas en la mano. No era precisamente la imagen más bonita para un vídeo, ni la situación ideal para grabar, pero había ido hasta allí para contar la historia del lugar y no me iba a volver sin hacerlo. Me mojé bastante, aunque al menos con las Crocs ya no estaba tan pendiente de acabar con los pies empapados.
Recorrí la zona tradicional y grabé lo que quería contar. No salió en las condiciones que habría preferido, pero conseguí sacar adelante los dos vídeos que llevaba en mente: el vídeo principal y el paseo nocturno de una hora. Para una visita tan corta, tampoco estaba mal.
Una visita corta, pero bien aprovechada
A la hora de comer tomé algo rápido, volví al hotel para hacer el check-out y me dirigí a la estación para coger el tren hacia Zhangjiajie. El trayecto era de aproximadamente una hora y salí de Fenghuang sobre las tres de la tarde, para llegar a Zhangjiajie alrededor de las cuatro. El precio del billete no lo recuerdo con seguridad, así que prefiero no inventármelo.
Fenghuang me pareció un lugar muy bonito y tradicional, especialmente de noche. Me gustaron mucho el puente, la zona junto al río y esos pasos de piedras que permiten cruzarlo. Tiene una estética muy particular y fue un cambio enorme después de Chongqing.
Eso sí, estaba hasta arriba de gente. Como me pasó en otros lugares turísticos de China, a los visitantes extranjeros se suma la enorme cantidad de turistas chinos que también viajan por su propio país. El resultado es que algunos rincones pueden estar bastante masificados, incluso cuando el lugar invita a pasear con calma.
Me habría gustado tener mejor tiempo y algo más de margen para grabar, pero solo estuve una noche y poco más de un día. Para ese tiempo, creo que aproveché bastante la visita: vi la ciudad, disfruté de sus calles iluminadas y conseguí grabar los dos vídeos. Y me llevé, además, unas Crocs de tres euros que terminaron acompañándome durante el resto del viaje y una historia de baño que no esperaba contar en un artículo de viajes.
Fenghuang fue breve, lluviosa y muy bonita. A veces el viaje no sale como lo habías planeado, pero al menos te da material para contar cosas.
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Vídeo principal sobre Fenghuang y la cultura miao
Fenghuang Ancient Town at Night — walking tour de una hora,
La siguiente parada: Zhangjiajie.